viernes, 25 de abril de 2014

El cerebro sólo registra detalles de la realidad, el resto se lo inventa

“Los magos lle­van cien­tos de años explotando con­cep­tos que para la neu­ro­cien­cia cog­ni­tiva resul­tan novedosos”


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Para percibir el mundo tal cual es nece­si­taríamos un cere­bro del tamaño de un edi­fi­cio, así que casi toda nues­tra expe­ri­en­cia es ilu­so­ria. El cere­bro humano solo alcanza a sim­u­lar la real­i­dad, explica Susana Martínez-Conde (La Coruña, 1969) que, con su marido, Stephen Mack­nik (Ohio,EEUU, 1968), tam­bién neu­ro­cien­tí­fico, ha recur­rido al mundo de la magia para desve­lar el fun­cionamiento del cerebro.
Con­sid­er­a­dos los primeros neu­ro­ma­gos, dan cuenta en Los engaños de la mente (Des­tino) de cómo los tru­cos de los ilu­sion­istas sir­ven para aden­trarse en los límites de la percepción.
–¿Los magos están a años luz de los neu­ro­cien­tí­fi­cos en conocimiento del com­por­tamiento y de la percepción?
–Lle­van cien­tos de años explotando con­cep­tos que son nove­dosos para la neu­ro­cien­cia cog­ni­tiva, como la ceguera al cam­bio y la ceguera por desa­ten­ción (ser cie­gos a las cosas que cam­bian o a las que no presta­mos aten­ción). Los neu­ro­cien­tí­fi­cos hemos estado mucho tiempo rein­ven­tando la rueda, si nos hubiéramos fijado en ellos, nos hubiéramos ahor­rado mucho.
–¿Vivi­mos en una ilusión?
–Sí, la mayor parte de lo que exper­i­men­ta­mos es par­cial­mente ilu­so­rio. No ten­emos una cor­re­spon­den­cia per­fecta con la real­i­dad. El mundo no es ni como lo vemos, ni como lo oímos, ni como lo recordamos.
–¿Todo es una construcción?
–Nue­stro cere­bro con­struye una sim­u­lación de la real­i­dad que muchas veces es muy cer­cana a ella, pero no es una recon­struc­ción, es una simulación.
–¿Vemos lo que queremos?
–No tanto lo que quer­e­mos ver como lo que esper­amos ver. Nues­tras expec­ta­ti­vas deter­mi­nan en gran man­era nues­tra per­cep­ción, pero no somos real­mente conscientes.
–¿Esas expec­ta­ti­vas tienen que ver con nue­stro pasado?
–Con nues­tra expe­ri­en­cia, nue­stros recuer­dos y con el cableado del cere­bro. El engaño es inher­ente al cere­bro. Lo difí­cil es no engañarlo. Nos esta­mos engañando con­stan­te­mente unos a otros y a nosotros mis­mos inconscientemente.
–¿Por qué nos engañamos?
–Porque para percibir la real­i­dad tal como es nos haría falta un cere­bro del tamaño de un edi­fi­cio. Nue­stro cere­bro puede reg­is­trar sólo detalles de la real­i­dad, el resto lo inventa, rel­lena hue­cos medi­ante algo­rit­mos y ata­jos. Ese rel­lenado abre vías para que tanto magos como artis­tas o cien­tí­fi­cos puedan manip­u­lar nues­tra per­cep­ción de la realidad.
–¿Tomamos muchos atajos?
–Muchísi­mos, muchísi­mos. Las primeras áreas del cere­bro que se encar­gan de proce­sar infor­ma­ción visual no ven el inte­rior de los obje­tos, sólo ven los bor­des y, basán­dose en ellos, las áreas supe­ri­ores inven­tan o rel­lenan el interior.
–¿Los magos lo intuían?
–Los magos no tenían forma de saber el pro­ceso de rel­lenado dónde ocurre en el cere­bro, a qué nivel de la corteza cere­bral se dan estos pro­ce­sos ni el cableado neu­ronal que los soporta. Lo que sí sabían los magos es que hay muchos hue­cos en nues­tra per­cep­ción y que el cere­bro, o la mente, toma atajos.
–Dom­i­nan el fun­cionamiento de la atención.
–Los magos uti­lizan la misma metá­fora que uti­lizamos en neu­ro­cien­cia, el foco de la aten­ción: donde ponemos nosotros la aten­ción es más vis­i­ble que el resto, lo realzamos.
–¿Desechamos el 95% de lo que ocurre a nue­stro alrededor?
–Si nos miramos la uña del dedo pul­gar de la mano a la dis­tan­cia del brazo, el único lugar

donde ten­emos visión de alta res­olu­ción es en esa uña, en el resto del campo visual somos legal­mente cie­gos. La infor­ma­ción visual es muy limitada.
–“Los magos saben que la mul­titarea es un mito”, repite.
–Si hace­mos varias cosas a la vez las hare­mos mal porque no podemos repar­tir la aten­ción y man­tener la efi­ca­cia. Esto es algo que se aprovecha en muchos tru­cos de magia. La cuestión es dividir la aten­ción y evi­tar focalizarla en un único lugar. Divide y vencerás.
–Un truco de car­ter­ista le ha sido muy útil, al parecer.imagesCA1U53Y0.jpg
–Colab­o­ramos con Apollo Rob­bins, que se hizo famoso cuando robó carteras, pla­cas de iden­ti­fi­cación y doc­u­men­tos del ser­vi­cio secreto de Jimmy Carter. Es buenísimo. Nos dijo que cuando sus­traía la cartera de un vol­un­tario en el esce­nario la aten­ción vari­aba si hacía un movimiento curvo o en línea recta. Eso nos dio que pen­sar que podía haber una relación entre la aten­ción y cómo move­mos los ojos. Anal­izamos en el lab­o­ra­to­rio vídeos suyos y grabamos el movimiento ocu­lar de los obser­vadores. Efec­ti­va­mente, vimos que el movimiento curvo es más efec­tivo porque la mirada del espec­ta­dor se desplaza de la trayec­to­ria y se queda en el final del movimiento, mien­tras que en el recto se cen­tra tanto en el prin­ci­pio como en el final del movimiento e ignora la trayec­to­ria. Gra­cias a un buen mago des­cub­ri­mos que hay dos tipos de movimien­tos ocu­lares difer­entes que desconocíamos en neurociencia.
–¿Qué otros hal­laz­gos hizo?
–Esta­mos colab­o­rando con magos para inves­ti­gar la influ­en­cia del humor y de otras emo­ciones en la aten­ción. Reg­is­tramos en el lab­o­ra­to­rio el movimiento de los ojos de per­sonas a las que induci­mos un estado emo­cional mien­tras ven unos video­clips. Nues­tra hipóte­sis es que la per­sona que exper­i­menta una emo­ción es menos capaz de adver­tir cambios.
–El estado emo­cional es sus­cep­ti­ble de restar atención.
–Claro, y es algo que los magos con­siguen a través del humor. Uti­lizan el humor para generar una buena relación con el público y que desee que tenga éxito, y no intente des­cubrir el truco de magia. Tam­bién usan el humor como her­ramienta de dis­trac­ción en momen­tos clave.
–Recomienda apren­der de los magos para mejo­rar la vida.
–Las enseñan­zas de los magos son muy valiosas para la vida cotid­i­ana: eso de que la mul­titarea es un mito y que no podemos man­dar men­sajes mien­tras esta­mos al volante, ni siquiera hablar por telé­fono con el manos libres porque nos puede dis­traer la aten­ción. O cuando se equiv­o­can y siguen ade­lante porque saben que el público ni se enteró. En la vida cotid­i­ana nos ocurre lo mismo, pero no sole­mos tener pre­sente la lim­itación de la capaci­dad del cere­bro de los demás, pen­samos que todos se dan cuenta del error, cuando la may­oría de las veces no es así. Si somos con­scientes de esa lim­itación, ten­dremos muchas más posi­bil­i­dades de salir airosos.
–Dice que tam­bién es útil para el autismo o el alzheimer.
–Los magos uti­lizan las claves sociales de la aten­ción. El público mira donde mira el mago, es un acto reflejo que lla­mamos aten­ción con­junta. Como cuando alguien mira en la calle a un punto y al rato tiene un cor­rillo de gente mirando hacia el mismo lugar. Esa aten­ción con­junta falla en los autis­tas, por eso la magia puede ayu­dar a su diag­nós­tico y ter­apia. Tam­bién para el alzheimer se pueden desar­rol­lar ter­apias basadas en la manip­u­lación de la aten­ción. Se trata de aprovechar al máx­imo los recur­sos cog­ni­tivos que le quedan al paciente para mejo­rar su cal­i­dad de vida. Y se puede lle­var al ámbito educa­tivo: el mae­stro podría ges­tionar la aten­ción de los alum­nos como los magos la del público.
–Y son útiles para la pub­li­ci­dad o la política.
–No solo los magos saben uti­lizar el engaño del cere­bro. Tam­bién se apli­can sus her­ramien­tas en la pub­li­ci­dad, en la política, en el mundo del crimen e incluso en las estafas…
–Otro de los hal­laz­gos de sus inves­ti­ga­ciones son los movimien­tos microsacádicos.
–Son movimien­tos muy pequeños de los ojos que hace­mos de man­era incon­sciente al fijar la mirada. Se había con­clu­ido que no servían para nada y nosotros lleg­amos a demostrar que son fun­da­men­tales para man­tener la visión, porque si dejamos de mover los ojos al fijar la vista, el mundo desa­parece. Solo podemos ver cosas que cam­bian y cuando algo no cam­bia y per­manece estático, el cam­bio lo intro­duce el movimiento de los ojos.
–Estudió Psi­cología Exper­i­men­tal y se doc­toró en Neu­ro­cien­cia. Entonces su ídolo era el Nobel David Hubel.
–Era mi ídolo porque es un gigante de la Neu­ro­cien­cia, Pre­mio Nobel por sus des­cubrim­ien­tos en el sis­tema visual. Fui a un con­greso en Soria para verlo y me ofre­ció, de forma ines­per­ada, tra­ba­jar con él en su laboratorio.
–¿Cómo empezó la colab­o­ración con su marido?
–Nos conoci­mos en 1997 cuando ambos éramos inves­ti­gadores de post­doc­tor­ado en el lab­o­ra­to­rio de Hubel en Har­ward. Empezamos a colab­o­rar allí y nos hici­mos pareja luego, en 2002, cuando coin­cidi­mos en el Uni­ver­sity Col­lege of Lon­don, y desde entonces tra­ba­jamos juntos.
–¿Cómo se les ocur­rió recur­rir a los magos?
–En un con­greso de la aso­ciación para el estu­dio cien­tí­fico de la con­cien­cia, en 2007, en Las Vegas. Queríamos darle una mayor proyec­ción social com­bi­nando arte y cien­cia y, viendo los carte­les que anun­cia­ban los espec­tácu­los de grandes magos, nos dimos cuenta de que ellos eran los artis­tas de la con­scien­cia. Invi­ta­mos a cinco grandes magos para que nos con­tasen cómo fun­ciona la magia en la mente del espec­ta­dor y tuvo gran éxito, fue por­tada del New York Times, y ese fue el comienzo de nues­tra colab­o­ración. Fue una suerte porque estos magos no sólo son mae­stros de la magia, sino que son tam­bién teóri­cos de la magia y están intere­sa­dos en por qué fun­ciona y en la per­cep­ción del com­por­tamiento humano.
–¿Ha sus­ci­tado rece­los en la comu­nidad científica?
–No. La primera reac­ción fue de sor­presa, y luego dijeron: “Esto puede ser una mina, cómo no se nos ocur­rió antes”. El primer artículo con­junto fue por­tada del Nature Reviews Neu­ro­scienc y al con­greso anual de la sociedad inter­na­cional de neu­ro­cien­cia de 2008, en el que par­tic­i­paron var­ios magos, acud­ieron 7.000 neurocientíficos.
–Usted y su marido tienen un espec­táculo de magia.
–Tras estas inves­ti­ga­ciones, decidi­mos intro­ducirnos más en lo que sig­nifica ser mago y nos some­ti­mos al exa­men de la Acad­e­mia de Artes Mág­i­cas. Hici­mos un espec­táculo, y nos acep­taron en las más impor­tantes sociedades mág­i­cas, pero somos mejores neu­ro­cien­tí­fi­cos que magos. No cam­biare­mos de profesión.

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