viernes, 25 de abril de 2014
El cerebro sólo registra detalles de la realidad, el resto se lo inventa
“Los magos llevan cientos de años explotando conceptos que para la neurociencia cognitiva resultan novedosos”
Para
percibir el mundo tal cual es necesitaríamos un cerebro del tamaño de
un edificio, así que casi toda nuestra experiencia es ilusoria.
El cerebro humano solo alcanza a simular la realidad, explica
Susana Martínez-Conde (La Coruña, 1969) que, con su marido, Stephen
Macknik (Ohio,EEUU, 1968), también neurocientífico, ha recurrido al mundo de la magia para desvelar el funcionamiento del cerebro.
Considerados los primeros neuromagos, dan cuenta en Los engaños de la mente (Destino) de cómo los trucos de los ilusionistas sirven para adentrarse en los límites de la percepción.
–¿Los magos están a años luz de los neurocientíficos en conocimiento del comportamiento y de la percepción?
–Llevan cientos de años explotando conceptos que son novedosos para la neurociencia cognitiva, como la ceguera al cambio y la ceguera por desatención (ser ciegos a las cosas que cambian o a las que no prestamos atención). Los neurocientíficos hemos estado mucho tiempo reinventando la rueda, si nos hubiéramos fijado en ellos, nos hubiéramos ahorrado mucho.
–¿Vivimos en una ilusión?
–Sí, la mayor parte de lo que experimentamos es parcialmente ilusorio. No tenemos una correspondencia perfecta con la realidad. El mundo no es ni como lo vemos, ni como lo oímos, ni como lo recordamos.
–¿Todo es una construcción?
–Nuestro cerebro construye una simulación de la realidad que muchas veces es muy cercana a ella, pero no es una reconstrucción, es una simulación.
–¿Vemos lo que queremos?
–No tanto lo que queremos ver como lo que esperamos ver. Nuestras expectativas determinan en gran manera nuestra percepción, pero no somos realmente conscientes.
–¿Esas expectativas tienen que ver con nuestro pasado?
–Con nuestra experiencia, nuestros recuerdos y con el cableado del cerebro. El engaño es inherente al cerebro. Lo difícil es no engañarlo. Nos estamos engañando constantemente unos a otros y a nosotros mismos inconscientemente.
–¿Por qué nos engañamos?
–Porque para percibir la realidad tal como es nos haría falta un cerebro del tamaño de un edificio. Nuestro cerebro puede registrar sólo detalles de la realidad, el resto lo inventa, rellena huecos mediante algoritmos y atajos. Ese rellenado abre vías para que tanto magos como artistas o científicos puedan manipular nuestra percepción de la realidad.
–¿Tomamos muchos atajos?
–Muchísimos, muchísimos. Las primeras áreas del cerebro que se encargan de procesar información visual no ven el interior de los objetos, sólo ven los bordes y, basándose en ellos, las áreas superiores inventan o rellenan el interior.
–¿Los magos lo intuían?
–Los magos no tenían forma de saber el proceso de rellenado dónde ocurre en el cerebro, a qué nivel de la corteza cerebral se dan estos procesos ni el cableado neuronal que los soporta. Lo que sí sabían los magos es que hay muchos huecos en nuestra percepción y que el cerebro, o la mente, toma atajos.
–Dominan el funcionamiento de la atención.
–Los magos utilizan la misma metáfora que utilizamos en neurociencia, el foco de la atención: donde ponemos nosotros la atención es más visible que el resto, lo realzamos.
–¿Desechamos el 95% de lo que ocurre a nuestro alrededor?
–Si nos miramos la uña del dedo pulgar de la mano a la distancia del brazo, el único lugar
donde tenemos visión de alta resolución es en esa uña, en el resto del campo visual somos legalmente ciegos. La información visual es muy limitada.
–“Los magos saben que la multitarea es un mito”, repite.
–Si hacemos varias cosas a la vez las haremos mal porque no podemos repartir la atención y mantener la eficacia. Esto es algo que se aprovecha en muchos trucos de magia. La cuestión es dividir la atención y evitar focalizarla en un único lugar. Divide y vencerás.
–Un truco de carterista le ha sido muy útil, al parecer.
–Colaboramos con Apollo Robbins, que se hizo famoso cuando robó carteras, placas de identificación y documentos del servicio secreto de Jimmy Carter. Es buenísimo. Nos dijo que cuando sustraía la cartera de un voluntario en el escenario la atención variaba si hacía un movimiento curvo o en línea recta. Eso nos dio que pensar que podía haber una relación entre la atención y cómo movemos los ojos. Analizamos en el laboratorio vídeos suyos y grabamos el movimiento ocular de los observadores. Efectivamente, vimos que el movimiento curvo es más efectivo porque la mirada del espectador se desplaza de la trayectoria y se queda en el final del movimiento, mientras que en el recto se centra tanto en el principio como en el final del movimiento e ignora la trayectoria. Gracias a un buen mago descubrimos que hay dos tipos de movimientos oculares diferentes que desconocíamos en neurociencia.
–¿Qué otros hallazgos hizo?
–Estamos colaborando con magos para investigar la influencia del humor y de otras emociones en la atención. Registramos en el laboratorio el movimiento de los ojos de personas a las que inducimos un estado emocional mientras ven unos videoclips. Nuestra hipótesis es que la persona que experimenta una emoción es menos capaz de advertir cambios.
–El estado emocional es susceptible de restar atención.
–Claro, y es algo que los magos consiguen a través del humor. Utilizan el humor para generar una buena relación con el público y que desee que tenga éxito, y no intente descubrir el truco de magia. También usan el humor como herramienta de distracción en momentos clave.
–Recomienda aprender de los magos para mejorar la vida.
–Las enseñanzas de los magos son muy valiosas para la vida cotidiana: eso de que la multitarea es un mito y que no podemos mandar mensajes mientras estamos al volante, ni siquiera hablar por teléfono con el manos libres porque nos puede distraer la atención. O cuando se equivocan y siguen adelante porque saben que el público ni se enteró. En la vida cotidiana nos ocurre lo mismo, pero no solemos tener presente la limitación de la capacidad del cerebro de los demás, pensamos que todos se dan cuenta del error, cuando la mayoría de las veces no es así. Si somos conscientes de esa limitación, tendremos muchas más posibilidades de salir airosos.
–Dice que también es útil para el autismo o el alzheimer.
–Los magos utilizan las claves sociales de la atención. El público mira donde mira el mago, es un acto reflejo que llamamos atención conjunta. Como cuando alguien mira en la calle a un punto y al rato tiene un corrillo de gente mirando hacia el mismo lugar. Esa atención conjunta falla en los autistas, por eso la magia puede ayudar a su diagnóstico y terapia. También para el alzheimer se pueden desarrollar terapias basadas en la manipulación de la atención. Se trata de aprovechar al máximo los recursos cognitivos que le quedan al paciente para mejorar su calidad de vida. Y se puede llevar al ámbito educativo: el maestro podría gestionar la atención de los alumnos como los magos la del público.
–Y son útiles para la publicidad o la política.
–No solo los magos saben utilizar el engaño del cerebro. También se aplican sus herramientas en la publicidad, en la política, en el mundo del crimen e incluso en las estafas…
–Otro de los hallazgos de sus investigaciones son los movimientos microsacádicos.
–Son movimientos muy pequeños de los ojos que hacemos de manera inconsciente al fijar la mirada. Se había concluido que no servían para nada y nosotros llegamos a demostrar que son fundamentales para mantener la visión, porque si dejamos de mover los ojos al fijar la vista, el mundo desaparece. Solo podemos ver cosas que cambian y cuando algo no cambia y permanece estático, el cambio lo introduce el movimiento de los ojos.
–Estudió Psicología Experimental y se doctoró en Neurociencia. Entonces su ídolo era el Nobel David Hubel.
–Era mi ídolo porque es un gigante de la Neurociencia, Premio Nobel por sus descubrimientos en el sistema visual. Fui a un congreso en Soria para verlo y me ofreció, de forma inesperada, trabajar con él en su laboratorio.
–¿Cómo empezó la colaboración con su marido?
–Nos conocimos en 1997 cuando ambos éramos investigadores de postdoctorado en el laboratorio de Hubel en Harward. Empezamos a colaborar allí y nos hicimos pareja luego, en 2002, cuando coincidimos en el University College of London, y desde entonces trabajamos juntos.
–¿Cómo se les ocurrió recurrir a los magos?
–En un congreso de la asociación para el estudio científico de la conciencia, en 2007, en Las Vegas. Queríamos darle una mayor proyección social combinando arte y ciencia y, viendo los carteles que anunciaban los espectáculos de grandes magos, nos dimos cuenta de que ellos eran los artistas de la consciencia. Invitamos a cinco grandes magos para que nos contasen cómo funciona la magia en la mente del espectador y tuvo gran éxito, fue portada del New York Times, y ese fue el comienzo de nuestra colaboración. Fue una suerte porque estos magos no sólo son maestros de la magia, sino que son también teóricos de la magia y están interesados en por qué funciona y en la percepción del comportamiento humano.
–¿Ha suscitado recelos en la comunidad científica?
–No. La primera reacción fue de sorpresa, y luego dijeron: “Esto puede ser una mina, cómo no se nos ocurrió antes”. El primer artículo conjunto fue portada del Nature Reviews Neuroscienc y al congreso anual de la sociedad internacional de neurociencia de 2008, en el que participaron varios magos, acudieron 7.000 neurocientíficos.
–Usted y su marido tienen un espectáculo de magia.
–Tras estas investigaciones, decidimos introducirnos más en lo que significa ser mago y nos sometimos al examen de la Academia de Artes Mágicas. Hicimos un espectáculo, y nos aceptaron en las más importantes sociedades mágicas, pero somos mejores neurocientíficos que magos. No cambiaremos de profesión.
Considerados los primeros neuromagos, dan cuenta en Los engaños de la mente (Destino) de cómo los trucos de los ilusionistas sirven para adentrarse en los límites de la percepción.
–¿Los magos están a años luz de los neurocientíficos en conocimiento del comportamiento y de la percepción?
–Llevan cientos de años explotando conceptos que son novedosos para la neurociencia cognitiva, como la ceguera al cambio y la ceguera por desatención (ser ciegos a las cosas que cambian o a las que no prestamos atención). Los neurocientíficos hemos estado mucho tiempo reinventando la rueda, si nos hubiéramos fijado en ellos, nos hubiéramos ahorrado mucho.
–¿Vivimos en una ilusión?
–Sí, la mayor parte de lo que experimentamos es parcialmente ilusorio. No tenemos una correspondencia perfecta con la realidad. El mundo no es ni como lo vemos, ni como lo oímos, ni como lo recordamos.
–¿Todo es una construcción?
–Nuestro cerebro construye una simulación de la realidad que muchas veces es muy cercana a ella, pero no es una reconstrucción, es una simulación.
–¿Vemos lo que queremos?
–No tanto lo que queremos ver como lo que esperamos ver. Nuestras expectativas determinan en gran manera nuestra percepción, pero no somos realmente conscientes.
–¿Esas expectativas tienen que ver con nuestro pasado?
–Con nuestra experiencia, nuestros recuerdos y con el cableado del cerebro. El engaño es inherente al cerebro. Lo difícil es no engañarlo. Nos estamos engañando constantemente unos a otros y a nosotros mismos inconscientemente.
–¿Por qué nos engañamos?
–Porque para percibir la realidad tal como es nos haría falta un cerebro del tamaño de un edificio. Nuestro cerebro puede registrar sólo detalles de la realidad, el resto lo inventa, rellena huecos mediante algoritmos y atajos. Ese rellenado abre vías para que tanto magos como artistas o científicos puedan manipular nuestra percepción de la realidad.
–¿Tomamos muchos atajos?
–Muchísimos, muchísimos. Las primeras áreas del cerebro que se encargan de procesar información visual no ven el interior de los objetos, sólo ven los bordes y, basándose en ellos, las áreas superiores inventan o rellenan el interior.
–¿Los magos lo intuían?
–Los magos no tenían forma de saber el proceso de rellenado dónde ocurre en el cerebro, a qué nivel de la corteza cerebral se dan estos procesos ni el cableado neuronal que los soporta. Lo que sí sabían los magos es que hay muchos huecos en nuestra percepción y que el cerebro, o la mente, toma atajos.
–Dominan el funcionamiento de la atención.
–Los magos utilizan la misma metáfora que utilizamos en neurociencia, el foco de la atención: donde ponemos nosotros la atención es más visible que el resto, lo realzamos.
–¿Desechamos el 95% de lo que ocurre a nuestro alrededor?
–Si nos miramos la uña del dedo pulgar de la mano a la distancia del brazo, el único lugar
donde tenemos visión de alta resolución es en esa uña, en el resto del campo visual somos legalmente ciegos. La información visual es muy limitada.
–“Los magos saben que la multitarea es un mito”, repite.
–Si hacemos varias cosas a la vez las haremos mal porque no podemos repartir la atención y mantener la eficacia. Esto es algo que se aprovecha en muchos trucos de magia. La cuestión es dividir la atención y evitar focalizarla en un único lugar. Divide y vencerás.
–Un truco de carterista le ha sido muy útil, al parecer.
–Colaboramos con Apollo Robbins, que se hizo famoso cuando robó carteras, placas de identificación y documentos del servicio secreto de Jimmy Carter. Es buenísimo. Nos dijo que cuando sustraía la cartera de un voluntario en el escenario la atención variaba si hacía un movimiento curvo o en línea recta. Eso nos dio que pensar que podía haber una relación entre la atención y cómo movemos los ojos. Analizamos en el laboratorio vídeos suyos y grabamos el movimiento ocular de los observadores. Efectivamente, vimos que el movimiento curvo es más efectivo porque la mirada del espectador se desplaza de la trayectoria y se queda en el final del movimiento, mientras que en el recto se centra tanto en el principio como en el final del movimiento e ignora la trayectoria. Gracias a un buen mago descubrimos que hay dos tipos de movimientos oculares diferentes que desconocíamos en neurociencia.
–¿Qué otros hallazgos hizo?
–Estamos colaborando con magos para investigar la influencia del humor y de otras emociones en la atención. Registramos en el laboratorio el movimiento de los ojos de personas a las que inducimos un estado emocional mientras ven unos videoclips. Nuestra hipótesis es que la persona que experimenta una emoción es menos capaz de advertir cambios.
–El estado emocional es susceptible de restar atención.
–Claro, y es algo que los magos consiguen a través del humor. Utilizan el humor para generar una buena relación con el público y que desee que tenga éxito, y no intente descubrir el truco de magia. También usan el humor como herramienta de distracción en momentos clave.
–Recomienda aprender de los magos para mejorar la vida.
–Las enseñanzas de los magos son muy valiosas para la vida cotidiana: eso de que la multitarea es un mito y que no podemos mandar mensajes mientras estamos al volante, ni siquiera hablar por teléfono con el manos libres porque nos puede distraer la atención. O cuando se equivocan y siguen adelante porque saben que el público ni se enteró. En la vida cotidiana nos ocurre lo mismo, pero no solemos tener presente la limitación de la capacidad del cerebro de los demás, pensamos que todos se dan cuenta del error, cuando la mayoría de las veces no es así. Si somos conscientes de esa limitación, tendremos muchas más posibilidades de salir airosos.
–Dice que también es útil para el autismo o el alzheimer.
–Los magos utilizan las claves sociales de la atención. El público mira donde mira el mago, es un acto reflejo que llamamos atención conjunta. Como cuando alguien mira en la calle a un punto y al rato tiene un corrillo de gente mirando hacia el mismo lugar. Esa atención conjunta falla en los autistas, por eso la magia puede ayudar a su diagnóstico y terapia. También para el alzheimer se pueden desarrollar terapias basadas en la manipulación de la atención. Se trata de aprovechar al máximo los recursos cognitivos que le quedan al paciente para mejorar su calidad de vida. Y se puede llevar al ámbito educativo: el maestro podría gestionar la atención de los alumnos como los magos la del público.
–Y son útiles para la publicidad o la política.
–No solo los magos saben utilizar el engaño del cerebro. También se aplican sus herramientas en la publicidad, en la política, en el mundo del crimen e incluso en las estafas…
–Otro de los hallazgos de sus investigaciones son los movimientos microsacádicos.
–Son movimientos muy pequeños de los ojos que hacemos de manera inconsciente al fijar la mirada. Se había concluido que no servían para nada y nosotros llegamos a demostrar que son fundamentales para mantener la visión, porque si dejamos de mover los ojos al fijar la vista, el mundo desaparece. Solo podemos ver cosas que cambian y cuando algo no cambia y permanece estático, el cambio lo introduce el movimiento de los ojos.
–Estudió Psicología Experimental y se doctoró en Neurociencia. Entonces su ídolo era el Nobel David Hubel.
–Era mi ídolo porque es un gigante de la Neurociencia, Premio Nobel por sus descubrimientos en el sistema visual. Fui a un congreso en Soria para verlo y me ofreció, de forma inesperada, trabajar con él en su laboratorio.
–¿Cómo empezó la colaboración con su marido?
–Nos conocimos en 1997 cuando ambos éramos investigadores de postdoctorado en el laboratorio de Hubel en Harward. Empezamos a colaborar allí y nos hicimos pareja luego, en 2002, cuando coincidimos en el University College of London, y desde entonces trabajamos juntos.
–¿Cómo se les ocurrió recurrir a los magos?
–En un congreso de la asociación para el estudio científico de la conciencia, en 2007, en Las Vegas. Queríamos darle una mayor proyección social combinando arte y ciencia y, viendo los carteles que anunciaban los espectáculos de grandes magos, nos dimos cuenta de que ellos eran los artistas de la consciencia. Invitamos a cinco grandes magos para que nos contasen cómo funciona la magia en la mente del espectador y tuvo gran éxito, fue portada del New York Times, y ese fue el comienzo de nuestra colaboración. Fue una suerte porque estos magos no sólo son maestros de la magia, sino que son también teóricos de la magia y están interesados en por qué funciona y en la percepción del comportamiento humano.
–¿Ha suscitado recelos en la comunidad científica?
–No. La primera reacción fue de sorpresa, y luego dijeron: “Esto puede ser una mina, cómo no se nos ocurrió antes”. El primer artículo conjunto fue portada del Nature Reviews Neuroscienc y al congreso anual de la sociedad internacional de neurociencia de 2008, en el que participaron varios magos, acudieron 7.000 neurocientíficos.
–Usted y su marido tienen un espectáculo de magia.
–Tras estas investigaciones, decidimos introducirnos más en lo que significa ser mago y nos sometimos al examen de la Academia de Artes Mágicas. Hicimos un espectáculo, y nos aceptaron en las más importantes sociedades mágicas, pero somos mejores neurocientíficos que magos. No cambiaremos de profesión.
El cerebro predice el hambre y el deseo sexual
El cerebro predice el hambre y el deseo sexual
La
investigación publicada en Journal of Neuroscience encontró un
área neural implicada en el origen de los deseos y dependencias de
las personas.
El cerebro revela los deseos en materia de alimento y sexo y permite leer cómo será el futuro en seis meses, indicando si se está destinado a engordar o si la vida sexual será “vivaz”. El estilo futuro en materia de sexo y comida, en efecto, se prevé a partir de las reacciones neurales y ciertos estímulos como la vista de un buen plato apetitoso o de un atrayente “ejemplar” del sexo opuesto. La posibilidad de leer el futuro inmediato de una persona en el cerebro fue demostrada durante una investigación de Kathryn Demos, del Dartmouth College, publicada en el Journal of Neuroscience. Los psicólogos escrutaron el cerebro de un grupo de estudiantes universitarias mientras observaban fotos (escenarios naturales, alimentos irresistibles, animales, personas del otro sexo y otras). Mediante resonancia magnética registraron la actividad de un área neural implicada en el origen de los deseos y dependencias de las personas, el “núcleo accumbens”. La respuesta del cerebro a las fotos resultó predictiva del comportamiento futuro de cada una: por ejemplo, si el núcleo se activaba intensamente a la vista de cosas que comer (indicando así un fuerte deseo de comida) la persona tendía a engordar en los meses sucesivos a la resonancia.
La
fuerte activación del núcleo frente a fotos masculinas, en cambio,
predecía que la joven estaría interesada en otras actividades
“agradables” diferentes de la comida. Las posibilidades que ofrece
hoy el estudio de la actividad neural con la resonancia magnética
son amplias, tanto que se la utilizó varias veces como tecnología de
base para construir detectores de mentiras o para determinar las
reacciones de los consumidores frente al lanzamiento de un nuevo
producto.
Así se habla hoy de “neuromarketing”, es decir de nuevas estrategias de marketing basadas en el estudio del cerebro de los consumidores. Esto es posible porque con la resonancia se puede ver en tiempo real cómo reacciona el cerebro frente a un estimúlo.
Sobre este principio se funda también el nuevo estudio estadounidense: si el cerebro de una persona reacciona en forma intensa a un estímulo vinculado con el alimento significa que esa persona está muy interesada en la comida, tiene un fuerte deseo de comer y es de esperar que engorde en el futuro inmediato.
Esto
es precisamente lo que observaron los científicos al investigar
las reacciones del “núcleo accumbens” con la resonancia mientras
se observaban las fotos. Al comienzo del estudio, los
investigadores pesaron a cada joven y la sometieron a cuestionarios
para establecer la intensidad de su deseo sexual.
Finalmente, después de seis meses la pesaron de nuevo y pidieron informaciones sobre su vida íntima. Así surgió una fuerte relación entre el tipo de respuesta neural, ciertos estímulos vinculados a comida y sexo y los comportamientos futuros de cada una.
En la práctica, si el cerebro de una voluntaria reaccionaba en modo intenso a la vista de alimento, la probabilidad de que engordara en los seis meses sucesivos era elevada. Por lo tanto, cuanto más atraído está el cerebro por la comida, más fuerte es el deseo de alimento y más se engorda en respuesta a este deseo. Lo mismo vale para el sexo: si el cerebro de una joven reaccionaba intensamente a la vista de fotos de hombres, su deseo sexual –estimado por los cuestionarios– y su vida sexual resultaban más activos en los meses siguientes.
viernes, 4 de abril de 2014
Visión
*Anatomía del sistema visual
Anatomía del ojo humano, fotografía en la que se pueden distinguir sus distintas partes.

*Aquí os dejamos un video que explica la anatomía y fisiología del ojo para hacernos una idea a grandes rasgos
https://www.youtube.com/watch?v=OoBK28w15L0&feature=player_embedded
https://www.youtube.com/watch?v=_kvPa77FVSQ&feature=player_embedded
Es la separación de la membrana sensible a la luz, situada en la parte posterior del ojo (retina), de sus capas de soporte.
==Causas==
La retina es el tejido transparente en la parte posterior del ojo que lo ayuda a uno a ver las imágenes enfocadas en ella por la córnea y el cristalino.
.Síntomas
*Anatomía del sistema visual
![]() |
| Corte horizontal del globo ocular |
![]() |
| El ojo desde fuera |
Anatomía del ojo humano, fotografía en la que se pueden distinguir sus distintas partes.

*Aquí os dejamos un video que explica la anatomía y fisiología del ojo para hacernos una idea a grandes rasgos
https://www.youtube.com/watch?v=OoBK28w15L0&feature=player_embedded
https://www.youtube.com/watch?v=_kvPa77FVSQ&feature=player_embedded
- Problemas relacionados con la visión
Desprendimiento de retina
Es la separación de la membrana sensible a la luz, situada en la parte posterior del ojo (retina), de sus capas de soporte.
==Causas==
La retina es el tejido transparente en la parte posterior del ojo que lo ayuda a uno a ver las imágenes enfocadas en ella por la córnea y el cristalino.
- El tipo más común de desprendimientos de retina con frecuencia se debe a un desgarro o perforación en dicha retina, a través del cual se pueden filtrar los líquidos del ojo. Esto causa la separación de la retina de los tejidos subyacentes, muy parecido a una burbuja debajo de un papel decorativo. Esto casi siempre es causado por una afección llamada desprendimiento vítreo posterior. Sin embargo, también puede ser causado por un traumatismo y una miopía muy grave. Un antecedente familiar de desprendimiento de retina también incrementa el riesgo.
- Otro tipo de desprendimiento de retina se denomina desprendimiento por tracción y se observa en personas con diabetes no controlada, cirugía previa de la retina o que tienen inflamación crónica.
.Síntomas
- Destellos de luz brillante, especialmente en la visión periférica.
- Visión borrosa.
- Moscas volantes en el ojo.
- Sombras o ceguera en una parte del campo visual de un ojo.
Pruebas y exámenes
Se hacen exámenes para verificar la respuesta de la retina y la pupila y la capacidad de uno para ver los colores apropiadamente. Estos exámenes pueden abarcar:- Electrorretinografía (un registro de las señales eléctricas en la retina producidas cuando uno ve cosas)
- Angiofluoresceinografía
- Medición de la presión intraocular.
- Oftalmoscopia.
- Prueba de refracción.
- Fotografía de la retina.
- Examen para determinar la capacidad para ver los colores apropiadamente.
- Agudeza visual.
- Exámen con lámpara de hendidura.
- Ecografía del ojo.
Tratamiento
La mayoría de los pacientes con un desprendimiento de retina necesitará cirugía, ya sea inmediatamente o después de un corto período de tiempo.- La cirugía puede no ser necesaria si usted no tiene síntomas o ha tenido el desprendimiento durante algún tiempo.
- Algunos tipos de cirugía de desprendimiento de retina se pueden realizar en el consultorio del médico:
- Se pueden utilizar láseres para sellar los desgarros o agujeros en la retina antes de que se produzca un desprendimiento de retina.
- Si usted tiene un pequeño desprendimiento de retina, el médico puede colocar una burbuja de gas en el ojo. Esto se conoce como retinopexia neumática y le ayuda a la retina a flotar de nuevo en su lugar. El agujero se sella con un láser.
- Introflexión o indentación escleral para empujar suavemente la pared del ojo hacia arriba contra la retina.
- Vitrectomía para extraer el gel o el tejido cicatricial que tira de la retina, empleada para los desprendimientos o desgarros más grandes.
Aprendizaje vicario, empatía y neuronas espejo. Reflexiones de andar por casa.
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"Blog de psicología, COLUMBUS".
Yo no soy la persona adecuada para opinar con suficiente base sobre las "neuronas espejo". Mis conocimientos sobre biología son reducidos, fundamentalmente porque me dedico a estudiar otro tipo de cuestiones y tanto el tiempo como mi capacidad de esfuerzo son limitados. No obstante, las “neurociencias” forman parte del contexto de cualquier persona con ciertas inquietudes y especialmente de los estudiantes de psicología (algunos de los cuáles sí son mi responsabilidad). Así que me ha parecido conveniente desarrollar brevemente mi opinión sobre este “fenómeno”, por si puede aportar algún elemento de debate o reflexión.
En principio, se supone que las neuronas espejo son aquellas que se activan cuando aprendemos por imitación o demostramos empatía por otro organismo, y parece que se sitúan en el área de Broca (como otro montón de supuestas estructuras especializadas) y en la corteza parietal (otra zona repleta de "funciones").
Pues así expresado, mi primera reacción es negar la mayor: ni existe el aprendizaje por imitación ni la empatía es tan concreta como pensamos. Vamos por partes.No existe evidencia experimental del aprendizaje por imitación y, lo que es más importante, sí disponemos de mucha evidencia que apunta al sitio contrario: el aprendizaje operante requiere de consecuencias diferenciales. El problema muchas veces al analizar un comportamiento es hacerlo de manera anecdótica, la complejidad que observamos suele abrumar tanto al analista amateur que, como conducta de escape, acude a explicaciones que le liberen del esfuerzo que requeriría un abordaje parsimonioso. Y entonces aparecen, entre otros, los dones, las diferencias cualitativas, los genes, las estructuras mentales, las intenciones, el espíritu y, por supuesto, el aprendizaje observacional. Si vemos tocar a un pianista virtuoso le conferimos un don especial y nos olvidamos del entrenamiento que le ha llevado hasta allí, si vemos a un matemático resolver unas ecuaciones interminables no le conferimos ningún mérito a las correcciones que su profesora de primaria le hacía en la pizarra. En general, asumir la complejidad como la acumulación y recombinación de elementos más simples demanda demasiado esfuerzo, y es comprensible que las personas escapen de ello, pero no es aceptable si queremos avanzar hacia una explicación que no sirva de algo (en cuanto a predicción y control de lo explicado).
Si vemos a un niño de cuatro años que nos saca la lengua cuando nosotros lo hacemos o que nos guiña un ojo si lo guiñamos nosotros también es comprensible concluir que disponemos de una capacidad innata para imitar, y de ahí se está a un paso para defender que se puede aprender (adquirir una conducta, que se convierta en altamente probable) sólo observando lo que otro hace. Pero estamos obviando toda la historia previa, incluso con cuatro años, que ese individuo tiene de refuerzo diferencial de la conducta de imitación (como operante generalizada). Desde que nacemos, nuestros padres (sistemáticamente o no, conscientemente o no) nos refuerzan cualquier balbuceo que se asemeje, aunque sea vagamente, a una palabra, de la misma manera que nos refuerzan que les miremos fijamente (“como si le entendiésemos”) y, por supuesto, nos refuerzan que repitamos lo que ellos hacen. Los organismos “recién llegados” no disponen de ningún (o muy poco) control operante por el estímulo y, por tanto, se pasan el día reaccionando de manera refleja y desplegando una amplia cantidad y variedad de conductas que luego se van seleccionando en función de las consecuencias que le siguen. El efecto del refuerzo es tal que luego hay que aplicarles cierta extinción para que dejen de hablar, de atendernos o de imitar en contextos poco deseables. Esa conducta de imitación se va moldeando luego dependiendo de la historia personal de cada uno, haciendo que distingamos entre modelos adecuados o no, situaciones favorables para la imitación, etc. Y toda esta historia de aprendizaje de la conducta de imitar se hace aún más compleja cuando interviene el lenguaje y el sujeto aprende a seguir instrucciones y luego a crearlas.
¿Significa esto que no disponemos de un “reflejo de imitación”? No necesariamente. Ni lo defiendo ni lo rechazo. Creo que es difícil de determinar a partir de la experiencia anecdótica y sesgada del que busca cierta conexión con su hijo, pero incluso aunque así fuera no implicaría la existencia de un nuevo y oscuro mecanismo de aprendizaje que, como adelantábamos antes, no dispone de evidencia experimental robusta y, además, choca con lo que sí sabemos sobre cómo aprendemos. En definitiva, un individuo no entrenado para imitar no imita, actúa. Y la adquisición (selección de respuestas) no depende de la simple emisión sino de si ésta es reforzada o no después.
¿Son, entonces, las “neuronas espejo” la estructura nerviosa de esta operante? ¿Y qué implica eso? En primer lugar, sabemos que el cerebro es plástico y que, por tanto, según qué funciones pueden asumirse por estructuras diferentes a la “habitual” en casos de lesiones, por ejemplo. También sabemos que la función hace al órgano, es decir, que las “neuronas espejo” no sustentarían ese comportamiento si no se diesen las circunstancias ambientales para que dicho comportamiento se adquiriese. Si eliminamos al aprendizaje por imitación de la ecuación, lo que tenemos es que llamaremos “neuronas espejo” a las neuronas que se activan cuando imitamos a alguien, sea este comportamiento un reflejo innato o una operante. De acuerdo, nunca viene mal ponerle nombre a las cosas.
Vamos con el segundo concepto discutible, la empatía. La empatía, como otros muchos términos referidos a formas de comportamiento, no tiene un significado unívoco, en gran medida porque depende del consenso social. ¿Qué es exactamente el “amor”, el “egoísmo”, la “valentía”, etc.? Culturalmente se llegan a ciertos acuerdos para acotar estos términos pero es muy poco frecuente que se les llegue a despojar totalmente de cierta ambigüedad. A pesar de los esfuerzos de la psicología científica por cambiar la forma en la que nos referimos a nuestro comportamiento, y, por tanto, de señalar los tópicos que deberían de resultar de interés para el trabajo interdisciplinar, es muy común (y triste) que la biología (en cualquiera de sus sub-disciplinas) acuda al lenguaje común para realizar conexiones entre sus descubrimientos y la psicología. Así centran sus esfuerzos en buscar la zona del cerebro donde se encuentran la “consciencia”, el “amor propio” o la “auto-realización” como si tuvieran una existencia independiente al consenso social. Esta puede parecer una crítica muy gruesa, porque lo es, pero no creo que le reste ni pertinencia ni veracidad al mensaje de fondo.
![egoismo[1].jpg egoismo[1].jpg](https://lh3.googleusercontent.com/blogger_img_proxy/AEn0k_tiBng5YEAu_7E_F38p1HhGwslRll-A8p99muJJ49K3F9_1OnrxXIdA5l6NJ5_DnqHtikiBJyY4zYsyTFNlo2kN6hts0nqJsTFxsKYJDC1KGsBjHoM7p4Qs7U5eLPq2K97EK_Bc8VPp682rhb11HsqBikx3KfFsUk9JoRvaI7t68dKOmnQ=s0-d)
Pero volviendo con la empatía, según la RAE, se define como la “identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro” su uso, sin embargo, es más amplio. De manera resumida, e intentando operativizar psicológicamente el término, podríamos considerar que demostrar empatía implica:
Nuestra empatía entendida de esta manera no sólo va a depender de nuestra historia de condicionamiento clásico sino también operante. El refuerzo (y castigo) social puede determinar que ciertas respuestas inicialmente reflejas queden bajo control operante. Así podemos moldear individuos que se alegren con la alegría ajena y que se entristezcan con la tristeza de otros, en función de si lo elogiamos o lo reprendemos. No hace falta acudir a la testosterona para explicar la diferencia de empatía entre hombres y mujeres, escuchar “los chicos no lloran” o que los demás ser rían si lloras durante tu infancia es suficiente.
Distinguir el estado emocional de otra persona es aún más fácil de defender como una conducta adquirida (y operante). No sólo es una discriminación simple de libro sino que existen programas “re-educativos” especializados en dotar de esta “capacidad” a todo aquel que sufre las consecuencias de no disponer de ella. El refuerzo diferencial de ciertas conductas en función de signos (estímulos discriminativos) correlacionados con el estado emocional (¿privado?) de otra persona selecciona esta forma de empatía, que se demuestra mayor o menor dependiendo de lo adaptativo que le resulte al individuo en su contexto concreto.
En definitiva, encontrar la zona cerebral de un constructo como la empatía o, al menos, de una etiqueta comportamental que aglutina formas diferentes de conducta sería como encontrar la zona del cerebro que se encarga del “buen gusto” o del “criterio cinematográfico”. De nuevo, identificar la estructura no es explicar el fenómeno. La explicación, al menos desde un nivel de análisis psicológico, está en su historia y en la estimulación presente. Sin sistema nervioso no se puede hablar, pero no es suficiente con disponer de uno para hacerlo. La explicación de que un individuo hable está en su historia de aprendizaje.
Pero, ¿se referían a todo esto los investigadores que defienden la existencia de este tipo de neuronas? ¿Qué encontraron realmente? ¿Cuánto de lo que creemos saber sobre estas neuronas es evidencia experimental y cuánto desarrollo teórico u optimismo divulgativo?
La existencia de las “neuronas espejo” se ha determinado a través de técnicas de resonancia magnética funcional, estimulación magnética transcraneal y electroencefalografías. Los investigadores que defienden estos trabajos, desde mediados de la década de los noventa, dicen haber identificado el funcionamiento de estas neuronas casi por casualidad cuando observaron que una neurona monitorizada en un macaco reaccionaba de la misma forma al ver a uno de los investigadores coger un plátano que cuando lo hacía el mismo. Con estos macacos se ha comprobado también que estas neuronas se activaban de la misma forma si escuchaban un papel romperse o veían a alguien romperlo que si lo hacían ellos mismos, por ejemplo. Aunque parece que existen datos que apuntan a que este fenómeno también podría darse en el cerebro humano, sólo se ha replicado con esta especie de monos. Eso es todo.
A partir de esta evidencia se ha especulado, no necesariamente por parte de los autores originales del trabajo, que estas neuronas permiten captar las intenciones (otro término discutible) motoras de los demás, que un malfuncionamiento de estas estructuras puede estar detrás del autismo, que sustentan la empatía a las obras de arte (neuroestética, sic), e incluso que podría explicar los casos de telepatía. No vamos a hacer sangre de esto.
Tampoco desarrollaremos aquí algunas cuestiones relacionadas con la sociología de la Ciencia, la presión que supone en el ámbito académico la publicación de artículos (y lo importante que es para ello la relevancia y la novedad del hallazgo), la enorme diferencia entre lo que se publica en una revista científica y cómo se transmite en los medios masivos de comunicación (en ocasiones por periodistas y en otras por los propios autores). Este es un tema de debate suficientemente relevante y complejo para abordarlo aquí, pero no se puede perder de vista.

Que una parte del sistema nervioso, o todo él, reaccione de manera muy similar ante situaciones que guardan elementos en común no es de extrañar. Deducir que esa reacción implica una función específica es un salto, pero puede asumirse, al menos como hipótesis de partida. Concluir que esas funciones son la explicación de la conducta es ignorar que el sistema nervioso es sólo un mediador entre el ambiente (cambiante y complejo) y la adaptación del organismo al mismo. Pero cosificar constructos y mentalismos (como empatía o intención), o reconocer mecanismos de aprendizaje ocultos a los expertos en aprendizaje es desconocer o rechazar lo que sí se sabe acerca de la manera en la que nos comportamos.
Siendo la biología como es, una disciplina con suficiente tradición científica, estoy seguro de que la estructura, funcionamiento y relación con el resto del sistema nervioso de estas neuronas será objeto del debate y experimentación necesario hasta que se consolide el conocimiento sobre ellas. Pero mi preocupación principal es la psicología, y en este tipo de casos no sólo veo una cierta “fagocitación”, aceptable incluso si la explicación fuera más eficiente en la creación de tecnología, sino una sustitución por la “psicología de calle” (no muy diferente a la del taxista y el camarero) y los términos ambiguos. Ojalá me equivoque.
Vicente Pérez
http://grupocolumbus.blogspot.com.es/2013/03/aprendizaje-vicario-empatia-y-neuronas.html
Yo no soy la persona adecuada para opinar con suficiente base sobre las "neuronas espejo". Mis conocimientos sobre biología son reducidos, fundamentalmente porque me dedico a estudiar otro tipo de cuestiones y tanto el tiempo como mi capacidad de esfuerzo son limitados. No obstante, las “neurociencias” forman parte del contexto de cualquier persona con ciertas inquietudes y especialmente de los estudiantes de psicología (algunos de los cuáles sí son mi responsabilidad). Así que me ha parecido conveniente desarrollar brevemente mi opinión sobre este “fenómeno”, por si puede aportar algún elemento de debate o reflexión.
En principio, se supone que las neuronas espejo son aquellas que se activan cuando aprendemos por imitación o demostramos empatía por otro organismo, y parece que se sitúan en el área de Broca (como otro montón de supuestas estructuras especializadas) y en la corteza parietal (otra zona repleta de "funciones").
Pues así expresado, mi primera reacción es negar la mayor: ni existe el aprendizaje por imitación ni la empatía es tan concreta como pensamos. Vamos por partes.No existe evidencia experimental del aprendizaje por imitación y, lo que es más importante, sí disponemos de mucha evidencia que apunta al sitio contrario: el aprendizaje operante requiere de consecuencias diferenciales. El problema muchas veces al analizar un comportamiento es hacerlo de manera anecdótica, la complejidad que observamos suele abrumar tanto al analista amateur que, como conducta de escape, acude a explicaciones que le liberen del esfuerzo que requeriría un abordaje parsimonioso. Y entonces aparecen, entre otros, los dones, las diferencias cualitativas, los genes, las estructuras mentales, las intenciones, el espíritu y, por supuesto, el aprendizaje observacional. Si vemos tocar a un pianista virtuoso le conferimos un don especial y nos olvidamos del entrenamiento que le ha llevado hasta allí, si vemos a un matemático resolver unas ecuaciones interminables no le conferimos ningún mérito a las correcciones que su profesora de primaria le hacía en la pizarra. En general, asumir la complejidad como la acumulación y recombinación de elementos más simples demanda demasiado esfuerzo, y es comprensible que las personas escapen de ello, pero no es aceptable si queremos avanzar hacia una explicación que no sirva de algo (en cuanto a predicción y control de lo explicado).
Si vemos a un niño de cuatro años que nos saca la lengua cuando nosotros lo hacemos o que nos guiña un ojo si lo guiñamos nosotros también es comprensible concluir que disponemos de una capacidad innata para imitar, y de ahí se está a un paso para defender que se puede aprender (adquirir una conducta, que se convierta en altamente probable) sólo observando lo que otro hace. Pero estamos obviando toda la historia previa, incluso con cuatro años, que ese individuo tiene de refuerzo diferencial de la conducta de imitación (como operante generalizada). Desde que nacemos, nuestros padres (sistemáticamente o no, conscientemente o no) nos refuerzan cualquier balbuceo que se asemeje, aunque sea vagamente, a una palabra, de la misma manera que nos refuerzan que les miremos fijamente (“como si le entendiésemos”) y, por supuesto, nos refuerzan que repitamos lo que ellos hacen. Los organismos “recién llegados” no disponen de ningún (o muy poco) control operante por el estímulo y, por tanto, se pasan el día reaccionando de manera refleja y desplegando una amplia cantidad y variedad de conductas que luego se van seleccionando en función de las consecuencias que le siguen. El efecto del refuerzo es tal que luego hay que aplicarles cierta extinción para que dejen de hablar, de atendernos o de imitar en contextos poco deseables. Esa conducta de imitación se va moldeando luego dependiendo de la historia personal de cada uno, haciendo que distingamos entre modelos adecuados o no, situaciones favorables para la imitación, etc. Y toda esta historia de aprendizaje de la conducta de imitar se hace aún más compleja cuando interviene el lenguaje y el sujeto aprende a seguir instrucciones y luego a crearlas.
¿Significa esto que no disponemos de un “reflejo de imitación”? No necesariamente. Ni lo defiendo ni lo rechazo. Creo que es difícil de determinar a partir de la experiencia anecdótica y sesgada del que busca cierta conexión con su hijo, pero incluso aunque así fuera no implicaría la existencia de un nuevo y oscuro mecanismo de aprendizaje que, como adelantábamos antes, no dispone de evidencia experimental robusta y, además, choca con lo que sí sabemos sobre cómo aprendemos. En definitiva, un individuo no entrenado para imitar no imita, actúa. Y la adquisición (selección de respuestas) no depende de la simple emisión sino de si ésta es reforzada o no después.
¿Son, entonces, las “neuronas espejo” la estructura nerviosa de esta operante? ¿Y qué implica eso? En primer lugar, sabemos que el cerebro es plástico y que, por tanto, según qué funciones pueden asumirse por estructuras diferentes a la “habitual” en casos de lesiones, por ejemplo. También sabemos que la función hace al órgano, es decir, que las “neuronas espejo” no sustentarían ese comportamiento si no se diesen las circunstancias ambientales para que dicho comportamiento se adquiriese. Si eliminamos al aprendizaje por imitación de la ecuación, lo que tenemos es que llamaremos “neuronas espejo” a las neuronas que se activan cuando imitamos a alguien, sea este comportamiento un reflejo innato o una operante. De acuerdo, nunca viene mal ponerle nombre a las cosas.
Vamos con el segundo concepto discutible, la empatía. La empatía, como otros muchos términos referidos a formas de comportamiento, no tiene un significado unívoco, en gran medida porque depende del consenso social. ¿Qué es exactamente el “amor”, el “egoísmo”, la “valentía”, etc.? Culturalmente se llegan a ciertos acuerdos para acotar estos términos pero es muy poco frecuente que se les llegue a despojar totalmente de cierta ambigüedad. A pesar de los esfuerzos de la psicología científica por cambiar la forma en la que nos referimos a nuestro comportamiento, y, por tanto, de señalar los tópicos que deberían de resultar de interés para el trabajo interdisciplinar, es muy común (y triste) que la biología (en cualquiera de sus sub-disciplinas) acuda al lenguaje común para realizar conexiones entre sus descubrimientos y la psicología. Así centran sus esfuerzos en buscar la zona del cerebro donde se encuentran la “consciencia”, el “amor propio” o la “auto-realización” como si tuvieran una existencia independiente al consenso social. Esta puede parecer una crítica muy gruesa, porque lo es, pero no creo que le reste ni pertinencia ni veracidad al mensaje de fondo.
Pero volviendo con la empatía, según la RAE, se define como la “identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro” su uso, sin embargo, es más amplio. De manera resumida, e intentando operativizar psicológicamente el término, podríamos considerar que demostrar empatía implica:
- 1) Reaccionar de manera similar a lo que el otro siente.
- 2) Discriminar el estado emocional del otro.
Nuestra empatía entendida de esta manera no sólo va a depender de nuestra historia de condicionamiento clásico sino también operante. El refuerzo (y castigo) social puede determinar que ciertas respuestas inicialmente reflejas queden bajo control operante. Así podemos moldear individuos que se alegren con la alegría ajena y que se entristezcan con la tristeza de otros, en función de si lo elogiamos o lo reprendemos. No hace falta acudir a la testosterona para explicar la diferencia de empatía entre hombres y mujeres, escuchar “los chicos no lloran” o que los demás ser rían si lloras durante tu infancia es suficiente.
Distinguir el estado emocional de otra persona es aún más fácil de defender como una conducta adquirida (y operante). No sólo es una discriminación simple de libro sino que existen programas “re-educativos” especializados en dotar de esta “capacidad” a todo aquel que sufre las consecuencias de no disponer de ella. El refuerzo diferencial de ciertas conductas en función de signos (estímulos discriminativos) correlacionados con el estado emocional (¿privado?) de otra persona selecciona esta forma de empatía, que se demuestra mayor o menor dependiendo de lo adaptativo que le resulte al individuo en su contexto concreto.
En definitiva, encontrar la zona cerebral de un constructo como la empatía o, al menos, de una etiqueta comportamental que aglutina formas diferentes de conducta sería como encontrar la zona del cerebro que se encarga del “buen gusto” o del “criterio cinematográfico”. De nuevo, identificar la estructura no es explicar el fenómeno. La explicación, al menos desde un nivel de análisis psicológico, está en su historia y en la estimulación presente. Sin sistema nervioso no se puede hablar, pero no es suficiente con disponer de uno para hacerlo. La explicación de que un individuo hable está en su historia de aprendizaje.
Pero, ¿se referían a todo esto los investigadores que defienden la existencia de este tipo de neuronas? ¿Qué encontraron realmente? ¿Cuánto de lo que creemos saber sobre estas neuronas es evidencia experimental y cuánto desarrollo teórico u optimismo divulgativo?
La existencia de las “neuronas espejo” se ha determinado a través de técnicas de resonancia magnética funcional, estimulación magnética transcraneal y electroencefalografías. Los investigadores que defienden estos trabajos, desde mediados de la década de los noventa, dicen haber identificado el funcionamiento de estas neuronas casi por casualidad cuando observaron que una neurona monitorizada en un macaco reaccionaba de la misma forma al ver a uno de los investigadores coger un plátano que cuando lo hacía el mismo. Con estos macacos se ha comprobado también que estas neuronas se activaban de la misma forma si escuchaban un papel romperse o veían a alguien romperlo que si lo hacían ellos mismos, por ejemplo. Aunque parece que existen datos que apuntan a que este fenómeno también podría darse en el cerebro humano, sólo se ha replicado con esta especie de monos. Eso es todo.
A partir de esta evidencia se ha especulado, no necesariamente por parte de los autores originales del trabajo, que estas neuronas permiten captar las intenciones (otro término discutible) motoras de los demás, que un malfuncionamiento de estas estructuras puede estar detrás del autismo, que sustentan la empatía a las obras de arte (neuroestética, sic), e incluso que podría explicar los casos de telepatía. No vamos a hacer sangre de esto.
Tampoco desarrollaremos aquí algunas cuestiones relacionadas con la sociología de la Ciencia, la presión que supone en el ámbito académico la publicación de artículos (y lo importante que es para ello la relevancia y la novedad del hallazgo), la enorme diferencia entre lo que se publica en una revista científica y cómo se transmite en los medios masivos de comunicación (en ocasiones por periodistas y en otras por los propios autores). Este es un tema de debate suficientemente relevante y complejo para abordarlo aquí, pero no se puede perder de vista.
Que una parte del sistema nervioso, o todo él, reaccione de manera muy similar ante situaciones que guardan elementos en común no es de extrañar. Deducir que esa reacción implica una función específica es un salto, pero puede asumirse, al menos como hipótesis de partida. Concluir que esas funciones son la explicación de la conducta es ignorar que el sistema nervioso es sólo un mediador entre el ambiente (cambiante y complejo) y la adaptación del organismo al mismo. Pero cosificar constructos y mentalismos (como empatía o intención), o reconocer mecanismos de aprendizaje ocultos a los expertos en aprendizaje es desconocer o rechazar lo que sí se sabe acerca de la manera en la que nos comportamos.
Siendo la biología como es, una disciplina con suficiente tradición científica, estoy seguro de que la estructura, funcionamiento y relación con el resto del sistema nervioso de estas neuronas será objeto del debate y experimentación necesario hasta que se consolide el conocimiento sobre ellas. Pero mi preocupación principal es la psicología, y en este tipo de casos no sólo veo una cierta “fagocitación”, aceptable incluso si la explicación fuera más eficiente en la creación de tecnología, sino una sustitución por la “psicología de calle” (no muy diferente a la del taxista y el camarero) y los términos ambiguos. Ojalá me equivoque.
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¿Qué es la Neurociencia?
La neurociencia es el estudio de la estructura, función, desarrollo, química, farmacología y patología del sistema nervioso y de cómo los diferentes elementos del sistema nervioso interactúan y dan origen a la conducta.
El estudio biológico del cerebro es un área multidisciplinaria que involucra muchos niveles de estudio, desde el nivel molecular hasta el nivel conductual y cognitivo, pasando por el nivel celular (neuronas individuales), los ensambles y redes pequeñas de neuronas como las columnas corticales, y ensambles grandes como las de percepción visual, incluyendo sistemas como la corteza cerebral o el cerebelo, y el nivel más alto del sistema nervioso en completo.
La neurociencia es la frontera en la investigación del cerebro y la mente. El estudio del cerebro se está convirtiendo en la clave para comprender, cómo percibimos, cómo interactuamos con el mundo exterior y, en particular, cómo la experiencia y la biología de los humanos se influyen mutuamente. En el nivel más alto, la neurociencia se combina con la psicología para crear la neurociencia cognitiva, una disciplina que al principio fue dominada totalmente por psicólogos cognitivos. Hoy en día la Neurociencia Cognitiva proporciona una nueva manera de entender el cerebro y la conciencia, pues se basa en un estudio científico que une disciplinas tales como la neurobiología, la psicobiología o la propia psicología cognitiva, un hecho que con seguridad cambiará la concepción actual que existe acerca de los procesos mentales implicados en el comportamiento y sus bases biológicas.
Análisis Del Concepto De Neurociencia
Ciencia que estudia el sistema nervioso, incluyendo la visión, audición, olfato y el control del movimiento y de otros comportamientos.
LA NEUROCIENCIA COGNITIVA
La Neurociencia cognitiva estudia los mecanismos biológicos subyacentes a la cognición humana, incluyendo la atención, percepción, consciencia y cognición social. Se trata de una rama de la neurociencia y de la psicología, que se enfoca específicamente en las bases neurales de los procesos mentales y las manifestaciones conductuales. Consiste en averiguar cómo las funciones psicológicas y cognitivas son producidas por el circuito neural. Se unifica con varias subdisciplinas tales como psicología cognitiva, psicobiología y neurobiología. Ante la aparición de la tecnología de resonancia magnética funcional, esta disciplina de la ciencia era llamada psic Los científicos que se dedican a esta área normalmente tienen estudios de base en psicología experimental o neurobiología, pero pueden provenir de varias disciplinas, tales como la psiquiatría, neurología, física, matemática, lingüística, y filosofía.
Los
métodos empleados en la neurociencia cognitiva incluyen modelos
experimentales de psicofísica y de la psicología cognitiva,
neuroimaginamiento funcional, genómica cognitiva, genética conductual,
así como también estudios electrofisiológico de sistemas neuronales. Un
aspecto relevante de la neurociencia cognitiva, lo constituyen estudios
clínicos en psicopatología en pacientes con déficits cognitivos. Las más
destacadas aproximaciones teóricas son la neurociencia computacional y
las más tradicionales y descriptivas teorías psicocognitivas, como por
ejemplo la psicometría.
Las técnicas empleadas incluyen la neuroimagen estructural y funcional (resonancia magnética estructural y funcional -MRI/fMRI-, tomografía por emisión de positrones -PET-, electroencefalografía -EEG- y magnetoencefalografía -MEG-), estudios neuropsicológicos, estimulación magnética transcraneal -TMS-, modelos computacionales y estudios evolutivos.
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Referencias:
-Wikiproyecto, (2010). Neurociencia[http://es.wikipedia.org/wiki/Wikiproyecto:Neurociencia
-http://es.wikipedia.org/wiki/Neurociencia_cognitiva
-http://neurocognitiva.org/
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Reeducación funcional en la enfermedad de párkinson
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Neurociencia para julia
Autores: Xurxo Mariño
El Ladrón de Cerebros
Autor: Pere Estupinyá
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http://www.lexicografo.com/
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La dislexia puede ser una condición frustrante, que dificulta la lectura a los niños. Muchos piensan que es una cuestión visual, pero un nuevo estudio, utilizando un juego de ordenador, pone de manifiesto que el problema puede ser no sólo de la vista, sino también de sonido.
Jake Lo Giudice es disléxico, y algunas palabras le pueden ser difíciles de identificar. "Me sentía como alguien diferente", recuerda Jake. "Sentía como si estuviera fuera del grupo". La madre de Jake, Karen, utiliza modelos de arcilla para ayudar a su hijo visualizar las palabras no-vistas. "Porque las palabras crean imágenes y esas palabras no la tienen", explicó Karen. Sin embargo, los investigadores creen que el problema también podría estar en la forma en cómo el cerebro "escucha" los sonidos. "Creemos que estos niños, de pequeños o incluso de antes, ya tienen problemas con el procesamiento de estos cambios en los sonidos", apuntaba Nadine Gaab, Ph.D., profesor asistente de pediatría en el Children's Hospital en Boston, Mass.Los neurocientíficos cognitivos consideramos que el cerebro de los niños disléxicos tienen problemas de interpretación con las sílabas que cambian rápidamente, como "be" y "de", porque sus circuitos cerebrales son diferentes. Esto hace de la lectura más que un desafío. El Dr Gaab está utilizando el "entrenamiento en sonidos" a través de ejercicios por ordenador, para monitorizar cómo procesan los disléxicos los cambios de sonidos rápidos y lentos. Mientras los niños se entretienen con un juego, el doctor Gaab hace un seguimiento de su actividad cerebral, mediante imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI). Pero después de ocho semanas de entrenamiento intensivo, una imagen del fMRI de un niño disléxico muestra más actividad. "El cerebro es muy plástico y es capaz de aprender, reconectar y construir una nueva red", explicó Gaab Dr.
Es posible que la reconexión pudiera ser la clave para ayudar a los disléxicos a leer. Los investigadores esperan que los niños sean diagnosticados con dislexia lo más tempranamente posible, para que pueda comenzar su entrenamiento en sonidos y, posiblemente, reducir la gravedad de su estado.
La Clave es Procesar el Lenguaje:
El Experimento: Los investigadores coinciden en que los disléxicos tienen problemas con la manipulación de las palabras y con los sonidos, que el principal problema es la transformación de los sonidos que componen las palabras. Usando un programa de ordenador, que juega con los cambios de sonidos lentos y rápidos, el doctor Gaab utilizó el fMRI para vigilar cómo responden los cerebros de los niños a los sonidos. Los niños con dislexia utilizan las mismas áreas del cerebro para procesar tanto los sonidos rápidos
como los lentos, a diferencia de otros lectores, que usan una cierta gama de las 11 zonas más ampliamente, cuando procesan cambios rápidos de sonidos.
¿Qué es el fMRI?La imagen por resonancia magnética (MRI), utiliza ondas de radio y un fuerte campo magnético, en lugar de rayos X para tomar claras y detalladas imágenes de los órganos internos
y tejidos. El fMRI utiliza esta tecnología para identificar las regiones del cerebro donde los vasos sanguíneos se están expandiendo, donde los cambios químicos se están llevando a cabo, o donde existe un aporte extra de oxígeno. Estos son
indicios de que una parte del cerebro está procesando información y dando órdenes al cuerpo. Cuando un paciente realiza una tarea en particular, el metabolismo incrementará el área del
cerebro responsable de esa tarea, cambiando la señal en la imagen. Analizando las imágenes para entender cómo las respuestas son similares o diferentes para diferentes tareas, permite a los científicos comprender mejor al paciente como in
dividuo, y también aprender más sobre el cerebro humano en general.
http://bitnavegante.blogspot.com.es/2008/09/los-neurocientficos-cognitivos-usan-el.html